dissabte, 20 de setembre del 2008

Podemos aspirar a más de lo que se nos ha dado, podemos tener mucho más que este todo que resulta ser NADA. Sí, lo podemos ser TODO a cuenta de renunciar a la alienadora masificación.  Más que nunca, la tan cacareada crisis puede llegar a ser una bendición. Hemos estado viviendo en una mentira en la que se nos decía que el sistema era capaz de auto regenerarse, que no había pobres sino descolgados del sistema incapaces de adaptarse. El racismo era una mancha del pasado y abríamos nuestros brazos de par en par a los desheredados, para convertirlos en sujetos civilizados que volverían a sus maltrechas tierras para substituirnos en nuestra misión civilizadora. Un mundo global y feliz había triunfado, por siempre…

Pero llegaron los moribundos osos polares, flotando en mitad de miles de cáscaras de hielo, los incendios desenfrenados de las masas forestales, el calentamiento y el obscurecimiento global. Y sucedió que en mitad de tanta calamidad apareció el colapso de las economías y el “¿qué habremos hecho para merecer esto?”… ¿Que qué hemos hecho para merecer esto? Vivir sólo pensando en el hoy sin que ello supusiera vivir el instante. Parir y parir no para dejar un legado sino para satisfacer nuestras frustraciones en lugar de encararlas. Esta es la verdad, quizás la que yo siento, subjetiva como cualquier verdad, pero no carente de realidad. A los acontecimientos presentes me remito.

No nos engañemos. Podemos inyectar cientos de miles de millones de unidades monetarias para que el sistema económico se estabilice, pero lo único que estaremos haciendo será posponer la necesidad de emprender un nuevo camino radicalmente diferente al que hemos llevado hasta ahora. Podemos reunirnos para discutir el cambio climático pero en el fondo estaremos discutiendo el sexo de los ángeles. Cambios climáticos los ha habido siempre y siempre existirán, con o sin nuestra intervención. Podremos hablar de cómo la mano del hombre contribuye a empeorarlo, podremos incluso con un poco de suerte reducir nuestro impacto, pero no pararemos nada de lo que tenga que venir. ¿Qué puede hacer apenas un millón de años de historia humana contra la historia geológica del universo? Lo más sensato sería reconocerlo con toda humildad.

Pero en todo este caos no estamos solos. Como decía Carl Sagan, estamos hechos del mismo material que las estrellas, y formamos parte del mismo proyecto, venimos del mismo lugar y lo somos todo y a la vez nada. Nuestro destino no está disociado del destino del universo. Si la energía no se crea ni se destruye sino que se transforma, y siendo los seres vivos pura energía, nada indica que tengamos que seguir un destino diferente. Quizás muchos tengamos que quedarnos en el camino pero ese no será nuestro final, otros seguirán el camino hasta conseguir la necesaria transformación.