divendres, 4 d’abril del 2008

UN TREN CON DESTINO A BOLLYWOOD

El otro día calló en mis manos una película India “made in Bollywood”. La trama era la típica del género: amores desgarrados y posesivos, chica ama a chico malo, mientras el que verdaderamente la podría amar permanece oculto a su ciega y limitada mirada. Toda la trama gira alrededor de ese sentimiento masoquista de entrega sumisa a un macho alfa que ignora y patea la dignidad de la desdichada aspirante a princesa.

Quizás por aquello de que la vida pone ante tus ojos dobles y triples raciones de aquello que evitas pero es necesario entender, últimamente me he encontrado bastantes casos de personas deprimidas o absorbidas por personas a las que les han concedido un papel de profesor vital cuando ni siquiera tienen madera para ser alumnos párvulos. Para mí lo más desgarrador es el hecho de que todos afirmen que eso es amor y que si no lo sientes así es que realmente jamás ha existido. Todos coinciden en decir que en todo caso se tratará de otra cosa pero no amor. Quizás lo que más me hace sentir impotente no es ya mi discrepancia, sino mi incapacidad para ponerme en su lugar, eso sí me preocupa. Sin embargo, y lo digo en mi propia descarga, he de decir que siempre pensé que sólo se puede entender el AMOR en justa correspondencia y que quien realmente te quiere lo hace en conjunto y que al igual que en el universo no existe el concepto de arriba y abajo, de la misma manera en el amor no existe lo bueno y lo malo, sencillamente lo somos todo y mucho más, para bien y para mal. En pocas palabras, existe aceptación (que no rendición). La pregunta que más me hago es ¿por qué la ignorante y avasallante ignorancia del macho alfa tira más que el silencio y la sabiduría del amante fiel que permanece oculto? ¿Por qué lo voluble puede más que lo estable?

Volviendo a la película, hay una escena en la que un grupo numeroso entre los que se encuentran la candidata a princesa, el macho alfa y el amante secreto y fiel, se encuentran en el techo de un vagón de tren. Cómo no, suena la música y todos comienzan a danzar alrededor de los protagonistas. La escena es poco aclaradora pero me sentí rápidamente identificado. Por mucho que me niegue también estoy en ese techo, y cuando la música suena, su ritmo me activa obligándome también a participar.

¿Significa eso que yo lo acepte, que esté de acuerdo? No. Puedo discrepar y sentirme completamente ajeno pero la propia inercia de la realidad hace que participe del espectáculo, quizás porque ahí está, quizás porque así es la vida, como ese tren con destino a bollywood en el que existen machos alfa, candidatas a princesa ciegas y amantes fieles que sufren en silencio su idealismo, tal y como otros sufren sus hemorroides. La diferencia estriba en la visibilidad. Mientras los dos primeros hacen ruido y son fácilmente identificables, los amantes fieles han de ser identificados, requieren de un trabajo arduo de descubrimiento, y en un mundo tan rápido como el nuestro, no nos han educado en el valor de la paciencia y el esfuerzo, y buscamos sensaciones duraderas a bajo coste.

No viene al caso decir con cual de las tres figuras me identifico, quizás incluso puedan existir otras tantas tonalidades entre esos tres colores, pero si hay algo que tenga claro es que a pesar de todo estoy en ese tren con destino a bollywood, con todas las consecuencias, aunque sigo empeñado en buscar los secretos insondables de esos amantes anónimos.

Supongo que a estas alturas os preguntaréis qué fue de la princesa despechada y del amante alfa, pero eso pertenecería a otra historia y merece ser contada en otra ocasión…