dimecres, 9 d’abril del 2008

LA CAJA DE PANDORA

Cuenta el viejo mito griego que Pandora fue la primera mujer,  modelada  por Zeus con el único fin de castigar a los hombres por haber recibido de  Prometeo el fuego. Por ese motivo Zeus decide enviar a Pandora a Epimeteo, al que su hermano Prometeo había advertido previamente que no aceptara obsequio alguno de zeus. Epimeteo, cautivado por su belleza la tomó por esposa. Al ver Pandora una caja cerrada, llena de curiosidad la abrió difundiendo todos los males por el mundo y sólo la esperanza quedó en el fondo de la caja. Así fue como los males se esparcieron entre los hombres, y solamente la esperanza les quedó como consuelo.

No deja de encerrar cierta perversidad el hecho de que se nos deje a los hombres la esperanza como único consuelo. Hemos heredado un gran dilema: ¿Es ésta realmente algo bueno que los dioses colaron en la caja para no ser desproporcionados, ó, realmente se trata de uno más de los males disfrazados de bondad? La esperanza puede llegar a ser algo maravilloso cuando nos impulsa a sobrevivir a las hecatombes de la vida, cuando nos catapulta a la consecución de nuestros objetivos más elevados. Sin embargo también puede ser un dardo envenenado que en muchas ocasiones implica conformismo y esperar que los dioses lo arreglen todo, mientras nosotros, los mortales, vamos viviendo nuestras tristes vidas ajenos al sufrimiento. La esperanza es la anestesia que nos adormece mientras el resto de los males que se escaparon hacen el trabajo para los cuales fueron creados. ¿Así pues, es demasiado descabellado afirmar que la esperanza es uno más de los males (quizás el peor) acaso los dioses en su empeño en castigar nuestra osadía habrían de ser condescendientes aportándonos una bondad entre tanto mal?  A estas alturas queda claro que Epimeteo, en esa metáfora, lo que realmente robó no fue el fuego, sino que fue en busca de su propia libertad como individuo, y los dioses (los propios hombres que intentaban controlar al Hombre) reaccionaron poniendo nuevas y sibilinas cadenas más sofisticadas que las habidas hasta entonces.

Durante los últimos años hemos tomado conciencia de la necesidad de concebirnos como seres plenos. Ello ha implicado la necesidad de auto analizarnos y observarnos en nuestras decisiones diarias. ¿Cuantas veces no nos hemos encontrado intentando indagar sobre un tema espinoso que implicaba recibir respuestas para las que quizás no estábamos preparados? Personalmente, me he visto a menudo haciéndo preguntas y abriendo cajas de las que surgían más preguntas que respuestas, y, cómo no, en el interior siempre quedaba la esperanza de encontrar una respuesta. De nuevo el dardo envenenado, pues esa esperanza sólo servía para esperar sin hacer nada. Como decía Dylan: "la respuesta está en el viento". Si era así algún día me llegaría de forma casual.  No nos enfrentamos pues a una sola “caja de Pandora”, sino a infinitas cajas, tantas como preguntas nos asaltan en nuestra cotidianidad. ¿Pero, qué sería de nosotros si no las abriéramos inocentemente intentando encontrar respuestas? Nos quedaríamos con las mentiras de los dioses, viviríamos en ese Edén-prisión que diseñaron para nosotros, sin necesidad alguna de hacernos preguntas. ¿No es cierto, pues, que con esta maldición estamos obligados a buscar nuestras propias respuestas?

Personalmente huyo de la esperanza, y aunque es como una droga que anhelo a cada momento y deseo fervientemente, la interiorizo, soy consciente de ella y la dejo en la caja. Creo que sólo así puedo ser consciente de los males que un día escaparon y que azotan mi mundo, el interior y el exterior.

La esperanza ha creado a las religiones que aprisionan nuestra alma y domestica nuestros pensamientos. Tan sólo tienen sentido porque necesitamos saber que nuestra vida no ha sido en vano, que tendremos un futuro. Y yo me pregunto: ¿No nos liberaría más vivir sin esperanza alguna, no sería quizás la forma de hacernos conscientes de que estamos aquí y ahora y que poco importa lo que pueda venir? ¿No sería esa la verdadera revolución pendiente?

No, el mito de la caja de Pandora no es simple, no es una mera forma de explicar el por qué del mal en el mundo. Contiene un saber iniciático, marca el principio de lo que en la cultura oriental se denomina el “ying y el yang”, el bien, el mal y la relatividad de ambos. También nos marca cual es el final de la humanidad. No ya su fin último como especie, sino lo que el ser humano puede conseguir individualmente.  Ser consciente de forma individual de que la esperanza es tan sólo eso, el dardo envenenado que nos adormece mientras el mal hace su trabajo, nos hace revelar contra la ignorancia, nos hace vivir el “aquí y ahora” y nos hace invencibles.  Es justo eso lo que la religión ha descubierto e intenta evitar desde los orígenes. Dar esperanza es la forma de controlarnos, de tener poder…

Creo que este es el gran empeño de mi vida, conseguir dejar encerrada esa droga adormecedora llamada esperanza a dos metros bajo tierra, a pesar de las tentaciones que me empujan a buscarla y a absorberla por cada poro de mi piel.  Creo fervientemente que cuando todos logremos ser conscientes de ese regalo envenenado que los dioses nos ofrecieron para podernos controlar, las religiones desaparecerán pacíficamente, las guerras e incomprensiones entre todos nosotros, el hambre y la injusticia desaparecerán, y entonces y sólo entonces lograremos llegar al estado de Humanidad.