dissabte, 20 de setembre del 2008

Podemos aspirar a más de lo que se nos ha dado, podemos tener mucho más que este todo que resulta ser NADA. Sí, lo podemos ser TODO a cuenta de renunciar a la alienadora masificación.  Más que nunca, la tan cacareada crisis puede llegar a ser una bendición. Hemos estado viviendo en una mentira en la que se nos decía que el sistema era capaz de auto regenerarse, que no había pobres sino descolgados del sistema incapaces de adaptarse. El racismo era una mancha del pasado y abríamos nuestros brazos de par en par a los desheredados, para convertirlos en sujetos civilizados que volverían a sus maltrechas tierras para substituirnos en nuestra misión civilizadora. Un mundo global y feliz había triunfado, por siempre…

Pero llegaron los moribundos osos polares, flotando en mitad de miles de cáscaras de hielo, los incendios desenfrenados de las masas forestales, el calentamiento y el obscurecimiento global. Y sucedió que en mitad de tanta calamidad apareció el colapso de las economías y el “¿qué habremos hecho para merecer esto?”… ¿Que qué hemos hecho para merecer esto? Vivir sólo pensando en el hoy sin que ello supusiera vivir el instante. Parir y parir no para dejar un legado sino para satisfacer nuestras frustraciones en lugar de encararlas. Esta es la verdad, quizás la que yo siento, subjetiva como cualquier verdad, pero no carente de realidad. A los acontecimientos presentes me remito.

No nos engañemos. Podemos inyectar cientos de miles de millones de unidades monetarias para que el sistema económico se estabilice, pero lo único que estaremos haciendo será posponer la necesidad de emprender un nuevo camino radicalmente diferente al que hemos llevado hasta ahora. Podemos reunirnos para discutir el cambio climático pero en el fondo estaremos discutiendo el sexo de los ángeles. Cambios climáticos los ha habido siempre y siempre existirán, con o sin nuestra intervención. Podremos hablar de cómo la mano del hombre contribuye a empeorarlo, podremos incluso con un poco de suerte reducir nuestro impacto, pero no pararemos nada de lo que tenga que venir. ¿Qué puede hacer apenas un millón de años de historia humana contra la historia geológica del universo? Lo más sensato sería reconocerlo con toda humildad.

Pero en todo este caos no estamos solos. Como decía Carl Sagan, estamos hechos del mismo material que las estrellas, y formamos parte del mismo proyecto, venimos del mismo lugar y lo somos todo y a la vez nada. Nuestro destino no está disociado del destino del universo. Si la energía no se crea ni se destruye sino que se transforma, y siendo los seres vivos pura energía, nada indica que tengamos que seguir un destino diferente. Quizás muchos tengamos que quedarnos en el camino pero ese no será nuestro final, otros seguirán el camino hasta conseguir la necesaria transformación.



dilluns, 23 de juny del 2008

"NUDOS GORDIANOS"

El oráculo profetizó que sólo aquel que fuera capaz de desatar el nudo gordiano lograría conquistar Asia. La idea de unir el pragmatismo y la espiritualidad, de demostrar que es posible conjugar ambas partes, inherentes a nuestro ser, es algo más que una leyenda. El nudo simboliza la idea de unir a todas las cosas transformándolas en una sola. Nada puede imponerse, y sólo la unión cooperativa y no el enfrentamiento nos llevarán a buen puerto. ¿Así pues, por qué empeñarnos, como Alejandro, en "deshacer" el nudo? Él cometió el error, por otra parte tan humano, de creer que lograría dominar el mundo, ¿pero quién puede dominar un mundo loco cuando ni siquiera es capaz de contener su propia locura? Gordión fue de la primeras ciudades en la que los ejércitos macedonios irrumpieron tras cruzar el Heles pontos. Seguramente, Alexandros pensó que allá le esperaba el destino, y que era éste el que le permitiría conseguir su  fin último: la conquista del mundo conocido. ¿Pero fue el destino quién lo puso tras los pasos de su sueño, o fue su sueño quién le hizo forzar ese destino? Jamás logró deshacer el nudo, sino que lo cortó con su espada. ¿Acaso no es eso modelar el destino según la propia conveniencia, ponerlo a tu servicio a través de la astucia? De hecho tiene poca importancia pues manipular el destino parece ser el destino inherente al ser humano.

Desde entonces hasta ahora, centenares de héroes y anti héroes se han visto ante otros nudos que deshacer con el fin de llegar hasta su destino. Excalibours, santos griales, lanzas sagradas, han constituido  la excusa perfecta para detentar el poder y sus prevendas.

Pero todos esos héroes pasaron por los caminos polvorientos sin apenas dejar huellas. Si acaso las historias épicas  engrandecidas por los historiadores y trovadores fueron las únicas que enaltecieron sus obras. Hay quien sostiene que el conjunto de sus actos nos ha legado el mundo actual, pero yo discrepo en lo esencial y me pregunto si el mundo no hubiera sido igual o incluso mejor sin sus destinos.  

Cierta vez anduve tras los pasos de Alejandro por Persia. Al llegar a Pasargade, al igual que él hiciera, estuve meditando ante la tumba de Dario I. Intenté imaginarme que debió pensar y si allí se encomendó de nuevo a los dioses antes de seguir con su conquista. Hoy me ha vuelto a venir a la cabeza, y he pensado que si ese viaje lo hubiera hecho hace un mes, hubiera pensado sobre ese nuevo nudo de nuestros tiempos que ha sido “las armas de destrucción masiva” y que ha empujado a otro ser iluminado a erigirse como nuevo dios viviente de occidente y general en la retaguardia de los nuevos ejércitos invasores de oriente.  Al fin y al cabo Alejandro fue un hombre de su tiempo con las limitaciones de su tiempo, la superstición que los dejaba más a merced de los dioses que de la razón, pero, en estos tiempos tecnológicos en que la razón impera, ¿Qué justifica a estos nuevos tiranos que se confiesan admiradores y sucesores de Alejandro a apropiarse de nuestro futuro?


dimecres, 9 d’abril del 2008

LA CAJA DE PANDORA

Cuenta el viejo mito griego que Pandora fue la primera mujer,  modelada  por Zeus con el único fin de castigar a los hombres por haber recibido de  Prometeo el fuego. Por ese motivo Zeus decide enviar a Pandora a Epimeteo, al que su hermano Prometeo había advertido previamente que no aceptara obsequio alguno de zeus. Epimeteo, cautivado por su belleza la tomó por esposa. Al ver Pandora una caja cerrada, llena de curiosidad la abrió difundiendo todos los males por el mundo y sólo la esperanza quedó en el fondo de la caja. Así fue como los males se esparcieron entre los hombres, y solamente la esperanza les quedó como consuelo.

No deja de encerrar cierta perversidad el hecho de que se nos deje a los hombres la esperanza como único consuelo. Hemos heredado un gran dilema: ¿Es ésta realmente algo bueno que los dioses colaron en la caja para no ser desproporcionados, ó, realmente se trata de uno más de los males disfrazados de bondad? La esperanza puede llegar a ser algo maravilloso cuando nos impulsa a sobrevivir a las hecatombes de la vida, cuando nos catapulta a la consecución de nuestros objetivos más elevados. Sin embargo también puede ser un dardo envenenado que en muchas ocasiones implica conformismo y esperar que los dioses lo arreglen todo, mientras nosotros, los mortales, vamos viviendo nuestras tristes vidas ajenos al sufrimiento. La esperanza es la anestesia que nos adormece mientras el resto de los males que se escaparon hacen el trabajo para los cuales fueron creados. ¿Así pues, es demasiado descabellado afirmar que la esperanza es uno más de los males (quizás el peor) acaso los dioses en su empeño en castigar nuestra osadía habrían de ser condescendientes aportándonos una bondad entre tanto mal?  A estas alturas queda claro que Epimeteo, en esa metáfora, lo que realmente robó no fue el fuego, sino que fue en busca de su propia libertad como individuo, y los dioses (los propios hombres que intentaban controlar al Hombre) reaccionaron poniendo nuevas y sibilinas cadenas más sofisticadas que las habidas hasta entonces.

Durante los últimos años hemos tomado conciencia de la necesidad de concebirnos como seres plenos. Ello ha implicado la necesidad de auto analizarnos y observarnos en nuestras decisiones diarias. ¿Cuantas veces no nos hemos encontrado intentando indagar sobre un tema espinoso que implicaba recibir respuestas para las que quizás no estábamos preparados? Personalmente, me he visto a menudo haciéndo preguntas y abriendo cajas de las que surgían más preguntas que respuestas, y, cómo no, en el interior siempre quedaba la esperanza de encontrar una respuesta. De nuevo el dardo envenenado, pues esa esperanza sólo servía para esperar sin hacer nada. Como decía Dylan: "la respuesta está en el viento". Si era así algún día me llegaría de forma casual.  No nos enfrentamos pues a una sola “caja de Pandora”, sino a infinitas cajas, tantas como preguntas nos asaltan en nuestra cotidianidad. ¿Pero, qué sería de nosotros si no las abriéramos inocentemente intentando encontrar respuestas? Nos quedaríamos con las mentiras de los dioses, viviríamos en ese Edén-prisión que diseñaron para nosotros, sin necesidad alguna de hacernos preguntas. ¿No es cierto, pues, que con esta maldición estamos obligados a buscar nuestras propias respuestas?

Personalmente huyo de la esperanza, y aunque es como una droga que anhelo a cada momento y deseo fervientemente, la interiorizo, soy consciente de ella y la dejo en la caja. Creo que sólo así puedo ser consciente de los males que un día escaparon y que azotan mi mundo, el interior y el exterior.

La esperanza ha creado a las religiones que aprisionan nuestra alma y domestica nuestros pensamientos. Tan sólo tienen sentido porque necesitamos saber que nuestra vida no ha sido en vano, que tendremos un futuro. Y yo me pregunto: ¿No nos liberaría más vivir sin esperanza alguna, no sería quizás la forma de hacernos conscientes de que estamos aquí y ahora y que poco importa lo que pueda venir? ¿No sería esa la verdadera revolución pendiente?

No, el mito de la caja de Pandora no es simple, no es una mera forma de explicar el por qué del mal en el mundo. Contiene un saber iniciático, marca el principio de lo que en la cultura oriental se denomina el “ying y el yang”, el bien, el mal y la relatividad de ambos. También nos marca cual es el final de la humanidad. No ya su fin último como especie, sino lo que el ser humano puede conseguir individualmente.  Ser consciente de forma individual de que la esperanza es tan sólo eso, el dardo envenenado que nos adormece mientras el mal hace su trabajo, nos hace revelar contra la ignorancia, nos hace vivir el “aquí y ahora” y nos hace invencibles.  Es justo eso lo que la religión ha descubierto e intenta evitar desde los orígenes. Dar esperanza es la forma de controlarnos, de tener poder…

Creo que este es el gran empeño de mi vida, conseguir dejar encerrada esa droga adormecedora llamada esperanza a dos metros bajo tierra, a pesar de las tentaciones que me empujan a buscarla y a absorberla por cada poro de mi piel.  Creo fervientemente que cuando todos logremos ser conscientes de ese regalo envenenado que los dioses nos ofrecieron para podernos controlar, las religiones desaparecerán pacíficamente, las guerras e incomprensiones entre todos nosotros, el hambre y la injusticia desaparecerán, y entonces y sólo entonces lograremos llegar al estado de Humanidad.

divendres, 4 d’abril del 2008

UN TREN CON DESTINO A BOLLYWOOD

El otro día calló en mis manos una película India “made in Bollywood”. La trama era la típica del género: amores desgarrados y posesivos, chica ama a chico malo, mientras el que verdaderamente la podría amar permanece oculto a su ciega y limitada mirada. Toda la trama gira alrededor de ese sentimiento masoquista de entrega sumisa a un macho alfa que ignora y patea la dignidad de la desdichada aspirante a princesa.

Quizás por aquello de que la vida pone ante tus ojos dobles y triples raciones de aquello que evitas pero es necesario entender, últimamente me he encontrado bastantes casos de personas deprimidas o absorbidas por personas a las que les han concedido un papel de profesor vital cuando ni siquiera tienen madera para ser alumnos párvulos. Para mí lo más desgarrador es el hecho de que todos afirmen que eso es amor y que si no lo sientes así es que realmente jamás ha existido. Todos coinciden en decir que en todo caso se tratará de otra cosa pero no amor. Quizás lo que más me hace sentir impotente no es ya mi discrepancia, sino mi incapacidad para ponerme en su lugar, eso sí me preocupa. Sin embargo, y lo digo en mi propia descarga, he de decir que siempre pensé que sólo se puede entender el AMOR en justa correspondencia y que quien realmente te quiere lo hace en conjunto y que al igual que en el universo no existe el concepto de arriba y abajo, de la misma manera en el amor no existe lo bueno y lo malo, sencillamente lo somos todo y mucho más, para bien y para mal. En pocas palabras, existe aceptación (que no rendición). La pregunta que más me hago es ¿por qué la ignorante y avasallante ignorancia del macho alfa tira más que el silencio y la sabiduría del amante fiel que permanece oculto? ¿Por qué lo voluble puede más que lo estable?

Volviendo a la película, hay una escena en la que un grupo numeroso entre los que se encuentran la candidata a princesa, el macho alfa y el amante secreto y fiel, se encuentran en el techo de un vagón de tren. Cómo no, suena la música y todos comienzan a danzar alrededor de los protagonistas. La escena es poco aclaradora pero me sentí rápidamente identificado. Por mucho que me niegue también estoy en ese techo, y cuando la música suena, su ritmo me activa obligándome también a participar.

¿Significa eso que yo lo acepte, que esté de acuerdo? No. Puedo discrepar y sentirme completamente ajeno pero la propia inercia de la realidad hace que participe del espectáculo, quizás porque ahí está, quizás porque así es la vida, como ese tren con destino a bollywood en el que existen machos alfa, candidatas a princesa ciegas y amantes fieles que sufren en silencio su idealismo, tal y como otros sufren sus hemorroides. La diferencia estriba en la visibilidad. Mientras los dos primeros hacen ruido y son fácilmente identificables, los amantes fieles han de ser identificados, requieren de un trabajo arduo de descubrimiento, y en un mundo tan rápido como el nuestro, no nos han educado en el valor de la paciencia y el esfuerzo, y buscamos sensaciones duraderas a bajo coste.

No viene al caso decir con cual de las tres figuras me identifico, quizás incluso puedan existir otras tantas tonalidades entre esos tres colores, pero si hay algo que tenga claro es que a pesar de todo estoy en ese tren con destino a bollywood, con todas las consecuencias, aunque sigo empeñado en buscar los secretos insondables de esos amantes anónimos.

Supongo que a estas alturas os preguntaréis qué fue de la princesa despechada y del amante alfa, pero eso pertenecería a otra historia y merece ser contada en otra ocasión…

dijous, 3 d’abril del 2008

EXPECTATIVAS, OCÉANOS DE TIEMPO...


Aquello que no será y que un día creímos que sería posible supone apenas una gota de agua en este océano de tiempo que son nuestros sentimientos. Pero cada gota contiene en su interior la voluntad de ser un océano en sí misma, y por tanto ese instante que parece perdido fue en su momento el centro de nuestro universo. Quizás cada gota que compone nuestro océano emocional no sea más que uno de esos momentos repletos de expectativas que se van perdiendo a cada instante. Quizás nos alimentemos de esos deseos que resultaron ser irrealizables, quizás sean éstos los que nos impulsan a buscar, y a no cejar…

Somos seres emocionales, y es el amor el que mueve biológicamente el mundo, el que nos hace seguir, el que nos ha llevado como especie  hasta este preciso instante, en el que a pesar de todo, sentimos como nunca que somos pequeños y frágiles. La evolución no sólo depende de la competitividad, también de la emoción, pues es esta la que al final nos motiva a querer seguir existiendo como individuos.

Navegamos en mitad de un océano tumultuoso propulsados por el viento de nuestros deseos más inconfesables. El viaje en solitario nos lleva a multitud de islas felices en las que recalamos en busca de compañía que mitigue por un momento la soledad del viaje.

Lo que nos mueve a buscar dicha compañía son nuestras expectativas y no la razón ¿Son nuestras expectativas como el canto de las sirenas que moran en esas islas, y que nos atrapan en un mundo irrealmente maravilloso? ¿Al final resultan ser irreales porque despertamos antes de hora, o, porque nos empeñamos en seguir soñando sin voluntad de vivir la realidad? Al final  poco importa cual sea la respuesta pues las expectativas son proyectos de sueños, y los sueños, sueños son…

 


 

  

Dedicado a todo aquel que alguna vez puso expectativas en mí. Éstas no fallaron, vuestra intuición no falló, ni siquiera yo fallé. Tan sólo compartimos un momento en una de tantas islas felices que  emergen de ese océano de tiempo que es la vida. Pensad que nos enriquecimos y aprendimos y que el verdadero aprendizaje se gesta en esos instantes que parecen olvidados pero que nos marcaron y nos han hecho ser lo que somos.

dilluns, 31 de març del 2008

"LA CRIATURA"

El 5 de abril de 1815, en la costa norte de la isla indonesia de Sumbawa, erupciona el volcán Tambora. La explosión mató a más de noventa mil personas y extendió sus efectos más allá del radio de influencia que a priori pudiera parecer lógico. Todos los escombros catapultados por el volcán cubrieron en el espacio de un año la casi totalidad del hemisferio norte, ocasionando en el verano de 1816 un descenso brusco de las temperaturas y un aumento de las precipitaciones de nieve. Dicho acontecimiento lejano tuvo una influencia catastrófica en las ya de por sí caóticas vidas de los europeos de la época. Un año antes habían finalizado el largo período de guerras napoleónicas, con los consecuentes desmanes y carestía. A todo ese caos vino a unirse un invierno prolongado y la ruina de las cosechas. El hambre se cebó sobre los ya famolientos europeos y la agitación social se apoderó del continente. Este hecho tuvo una especial virulencia en Suiza debido a su orografía. Allí las víctimas del hambre se contaban por miles y los tumultos callejeros amenazaban con llevar al país hacia la anarquía.

Justo a comienzos del verano de 1816 acontece una historia paralela de gran interés para el mundo de la literatura. Ajenos a los acontecimientos que se venían fraguando desde la primavera del año anterior, Mary Shilley, su marido Percy Bysshe Shelley y su médico y amigo John Polidori se trasladan a Suiza con el fin de pasar unos días de descanso vacacional, hospedándose en una casa contigua a la mansión de Lord Byron. Lo que en principio parecía que serían unos días repletos de excursiones románticas se convirtieron, debido al mal tiempo, en jornadas de reflexión y largas partidas de cartas. Muchas y largas fueron las conversaciones entre Lord Byron y Shelley; se discutieron varias doctrinas filosóficas y, entre ellas, las referidas a la naturaleza del principio de la vida, y también la posibilidad de que dicho principio llegara a ser algún día descubierto y divulgado. Incluso llegaron a hablar de los experimentos del entonces joven doctor Darwin.[1]

En una de esas tertulias, Byron, hizo una propuesta interesante a los asistentes: Cada uno de ellos había de escribir una historia de fantasmas. Propuesta que todos aceptaron inmediatamente. Si bien todas las historias resultaron excelentes, me parece de especial relevancia la aportación de Shelley. Años más tarde comentaría sobre dicha proposición:

“Yo me urgí a mí misma a pensar una historia, una historia que pudiese rivalizar con las que nos habían arrastrado a aquella empresa Una historia que hablase de los misteriosos temores de la naturaleza y que despertase el más intenso de los terrores, una historia que creara en el lector miedo a mirar a su alrededor, que helase la sangre y acelerase los latidos del corazón. Si no conseguía todas esas cosas mi historia de fantasmas demostraría ser indigna de ese nombre. Pensé y reflexioné, en vano. (...) ¿Has pensado ya una historia?, Me preguntaban cada mañana, y cada mañana me veía forzada a replicar con una mortificante negativa.

(...) Cuando apoyé la cabeza sobre la almohada no pude dormir, tampoco podría asegurar que estuviese pensando. Mi imaginación, sin yo requerirlo, me poseyó y me guió, dotando a las imágenes que surgían en mi mente de una intensidad que estaba más allá de las fronteras del sueño. Vi - con los ojos cerrados, pero a través de una aguda visión mental -, vi al pálido estudiante de artes diabólicas arrodillado al lado de aquella cosa que había conseguido juntar. Vi el horrendo fantasma de un hombre yaciente, y entonces, bajo el poder de una enorme fuerza, aquello dio señales de vida y se agitó con un torpe, casi vital, movimiento. Era espantoso (...).

La idea había tomado posesión de mi mente de tal manera que el miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío y traté de cambiar las fantasmales imágenes de mi fantasía por la realidad que me circundaba. (...) Al día siguiente anuncié que había pensado una historia.” [2]

Mientras un grupo de intelectuales acomodados discutían sobre el origen de la vida, y shelley escribía la que para mí es una de las mayores obras de la literatura de todos los tiempos, fuera les rodeaba el caos provocado precisamente por esa fuerza irreducible de la naturaleza.

Esa isla intelectual es ajena a todos los cambios que se fraguan en el exterior, en cambio shelley ya parece intuir en los esbozos que después conformarán Frankenstein, lo que hasta entonces había sido infranqueable debido al pensamiento religioso dominante. En la semilla que planta subyace el germen del naturalismo, de la evolución de las especies que poco tiempo después descubriría Darwin. La propia fuerza atroz que atrajo la muerte en aquel verano de 1816 también genera una intuición en la joven Mary que va más allá de una obra literaria.

En Frankenstein, Sheley plantea la posibilidad de generar vida a partir de un tejido muerto. De utilizar como aliadas las fuerzas de la naturaleza que pueden llegar a ser destructivas. Pero hay mucho más detrás de ese concepto. Retoma la idea de un moderno Prometeo, el Dr. Victor Frankenstein, que como el héroe mitológico roba a los dioses el secreto de la vida y acaba siendo castigado por semejante osadía. Éste sería el trasfondo más teológico de una Mary creyente, pero detrás de ello se esconde una sublime intuición, la que aúna la a priori inconexa fuerza de la naturaleza, resultante de la explosión del Tambora, con la explosión en la imaginación de su mente. Con toda seguridad, gran parte del contenido de la obra se fraguó en la influencia que Rousseau y otros autores del naturalismo tuvieron en sus lecturas adolescentes Pero me gusta imaginar que hay mucho más en su inspiración. Me gusta saber que hay algo más detrás del concepto natural de la destrucción y que de lo a primera vista irrecuperable surge de nuevo la vida, imparable, fortalecida, que al igual que la criatura de shelley mira de tú a tú a Dios, alzando su voz en mitad de la tormenta, gritándole: “¡A pesar de todo la vida siempre se abre paso!”









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[1] SPARK, Muriel (1997): Mary Shelley. Barcelona, Lumen.

[2] SPARK, Muriel (1997): Mary

dimarts, 5 de febrer del 2008

CUANDO UNA IGLESIA ARDE

Una de mis canciones favoritas de Simon & Garfunkel dice en su primera estrofa: "Una iglesia arde, las llamas se elevan, como si fueran manos desesperadas que ruegan al cielo. Como manos rogando, dicen: podéis quemar mis iglesias pero al final seré libre".
Siempre me llamó poderosamente la atención la última afirmación: "podéis quemar mis iglesias pero al final seré libre". Desde el principio hice mia esa frase y la apliqué a cualquiera de las injusticias que veía a mi alrededor. Se trata de una especie de mantra con una fuerza increíble, y encierra la mejor de las esencias del ser humano: el poder de resistencia ante la opresión, la necesidad de vencerla, de afirmar nuestro yo. Ni siquiera la amenaza de muerte puede doblegarnos, pues es más fuerte nuestra voluntad de ser. La iglesia no es tanto el templo dónde rezar como nuestro yo interior, nuestra esencia, todo cuanto hemos sido, somos y seremos. En la canción, cuando los tres enmascarados lata de queroseno en mano prenden fuego al templo, lo que realmente están intentando destruir no es la construcción sino nuestro corazón, nuestra mente. En definitiva, nuestra voluntad como individuos.
Cuando una noche de 1933 el Reichtag ardió ante la pasividad de los ciudadanos alemanes, no sólo se perdió una joya de la arquitectura, no sólo se enterraba la democracia a dos metros bajo tierra, peor aun, se destruía la voluntad de todo un pueblo, la dignidad y la esencia de cada uno de ellos. Su presente y su futuro. El fuego tiene esa poderosa contradicción, es destructor pero también regenerador. La pasividad ante ese incendio trajo otros fuegos: primero llegó la quema de libros y después le siguió los hornos crematorios. Sus futuras víctimas siempre encerraron en su corazón la misma frase: "podéis quemar nuestras casas, podéis quemarnos, pero al final seremos libres". Esa frase es mucho más poderosa y persistente que el ansia de destrucción. Por eso los tiranos la temen, porque saben que al final triunfará. Saben que es más fuerte nuestro poder de resistencia y nuestra ansia de libertad que sus antorchas.
Siempre existieron y siempre existirán
"pirómanos" que intenten incendiar nuestros templos, nuestras casas y ciudades, pero también existirá una fuerte voluntad, acrecentada por los avatares de nuestra historia humana, de vencer ante la adversidad, de crecer, de buscar y de no cejar. Mientras más turbulentas sean las aguas, mayor será nuestra capacidad y nuestro empeño para tender puentes sobre ellas, puentes con los que llegar a cotas más altas de libertad y auto conocimiento. Al final tal y como reza la canción: "Una iglesia es mucho más que madera y piedra, y la libertad es un camino oscuro cuando caminas solo. Pero el futuro ya ha llegado, y es hora de apoyarse para que las campanas perdidas de la libertad puedan sonar más allá de mi tierra". Sí, definitivamente, ahora y por siempre: podrán quemar nuestras iglesias, pero al final seremos libres.